Reseña : Carmen Salinas, El alma de las flores


Título: El alma de las flores Autora: Carmen Salinas Editorial: Carena

Colección: Acidalia ISBN: 9788416843640 Nº de páginas: 280 págs.

Sinopsis:

Hija de uno de los cuatro Capitanes de Abril muertos en la Revolución de los Claveles, Alma Mires consigue escapar del recóndito pueblo portugués que la vio nacer e instalarse en la Lisboa posrevolucionaria de los años setenta. La búsqueda de la verdadera historia que condujo a su padre a la muerte luchando por la democracia se verá interrumpida por el descubrimiento de su propia esencia de mujer en un Portugal que, a pesar de haber abandonado el salazarismo, no termina de incorporar el rol femenino a la nueva sociedad. De la mano de Abráao, saxofonista de la mítica banda de La Brasileira Free Discussion, Alma luchará, como ya hizo su padre, contra un mundo gobernado por la mentira y la traición, el abandono y el uso de la mujer como elemento de trueque. El duro tránsito hacia la democracia social, los eternos escenarios de una Lisboa abrazada por el Tajo que lucha por adaptarse al cambio, la amistad, el odio, el sexo y la garra de una niña obligada a ser mujer convierten El Alma de las flores en un teatro de operaciones donde florece aquella fuerza interior que nadie sabe que posee.

Es la primera vez que tengo contacto con la narrativa de Carmen Salinas. Autora premiada en diversas ocasiones con premios menores de relato y poesía preceden a esta primera novela, que ha supuesto un cúmulo de situaciones diversas, incluso opuestas, de principio a fin.

El alma de las flores es una historia que se asienta sobre un claro simbolismo: el injusto pago que Lisboa ofrece a la memoria de sus héroes de la revolución de los claveles y a su descendencia. Desde el primer momento, Alma es una mujer encarcelada en el desconocimiento de su pasado y en la ignorancia que muestra la capital portuguesa hacia el valor de sus salvadores. El padre de Alma paga su amor a la patria y confianza en la humanidad con la muerte y Alma también se dará cuenta de que aunque puede que se piense que Lisboa se ha salvado, el mal está presente y seguirá cobrándose mártires.

El personaje de Alma es a todas luces contradictorio. Una mujer cuyo objetivo es un crecimiento personal e intelectual imparable y con un afán de superación fuera de dudas. Sin embargo, esto choca a veces con detalles de total inmadurez y comportamientos bastante discutibles. Alma pasa de ser una joven con un futuro por delante a una manipuladora, prueba de ello su relación con su mejor amigo, y una ilusa que se deja embriagar de una relación tóxica que contaminará su vida y la de su familia hasta destruir todo lo puro que queda en ella. Esta dualidad que hay en Alma me ha gustado, aunque considero que es exageradamente extremista. Con respecto a otros personajes, tenemos algunos que están bastante bien tratados y que tienen un protagonismo importante en la novela, y algunos que deberían ser importantes resultan episódicos e inútiles en la narración, por ejemplo la madre de Alma.

Alma deseaba fervientemente ver y saber más. Su mente siempre había ido un paso por delante de lo que correspondía, sus inquietudes intelectuales perpetuamente serían infinitas. ¿Cómo satisfacer todo esto en Minho?¿De qué forma podría albergar aquel lugar toda la cantidad de libros que ella soñaba leer, toda la información que necesitaba para ampliar sus escasos conocimientos políticos, históricos, artísticos?. (pág.24)

Mi gran problema con la novela es el siguiente: donde está Lisboa?. Esta historia se supone que se sitúa en la capital portuguesa y hay un inexistente trabajo sobre la ambientación. Es cierto que es una novela donde los espacios cerrados tienen predilección sobre los más amplios, pero en los largos paseos que da Alma debería aprovecharse el momento para una visual de la ciudad. Lisboa apenas es un decorado donde llueve en casi todas las ocasiones y hay una tienda de flores y una cafetería. Creo que con la gran capacidad descriptiva de la autora, este aspecto debería explotarse muchísimo más. Además, la introducción de lusismos en el texto debería ser muchísimo mayor para colaborar en la inmersión y ocultar las carencias: saludos, comidas, referencias culturales...

La prosa de Carmen Salinas es sencillamente deliciosa. El gusto por la escritura está patente, en especial por la descripción de los sentimientos, que consigue que afloren tanto en la novela como en el lector. Sin embargo, muchas veces se excede en enormes párrafos que pese a ser de bella factura resultan innecesarios y tediosos en el medio de la narración. Este hecho muchas veces consigue cargarse la tensión narrativa bien preparada en otras ocasiones.

Los ojos no entienden de dolor, no lo aceptan. Cuando de verdad duele, la retina es la primera en querer abandonar el barco y lucha desesperadamente por huir de su propia órbita. Es el espectáculo de la retina, encolerizada, queriendo escapar y dirigiéndose hacia cualquier sitio, obligando a la pupila a dilatarse hasta desaparecer en un diminuto abismo negro. Del dolor se dice que taladra, que bloquea. Se habla de él como contaminador de la fibra nerviosa. Pero que sabrá quien así habla de lo que es dolor... (pág. 35)

El ritmo de la narración es ágil, salvo por estos excedentes prosaicos antes mencionados, y la novela está bastante bien estructurada. La trama está bastante bien dosificada y la tensión dramática es total, con un final muy sorprendente e inesperado que conlleva a una lectura traumática de la historia. La trama amorosa está cargada de tópicos y clichés de las relaciones tóxicas y está combinada con un esbozo de la putrefacción de la sociedad lisboeta muy atractiva.

El alma de las flores de Carmen Salinas ha resultado una lectura bastante curiosa, soberbia en algunos aspectos e incomprensible en otros. Esta novela consigue enganchar al lector pese a sus fallos por la facilidad con la que se vinculan las tramas y la agradable prosa. Una lectura bastante dispar, con aspectos que mejorar, y que es complicado sintetizar en pocas palabras.


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Eduardo Estévez, de baleas 

(Caldeirón, 2017)  

David González Domínguez

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