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Reseña : Jack London, La gente del abismo

September 11, 2017

 

Título: La gente del abismo

Título original: The people of the Abyss
Autor: Jack London

Prólogo: Ian Sinclair
Traductor: Javier Calvo
Editorial: Gatopardo ediciones
ISBN: 9788494426391
Nº de páginas: 288 págs.

Sinopsis: 

 

En 1902, Jack London llegó a Londres con la intención de escribir un reportaje sobre el East End, la zona este de la ciudad, donde pasó varios meses disfrazado de vagabundo, con el fin de poder penetrar en el Abismo, tal como él lo llamaba. Su curiosidad le llevó a visitar los slums, los llamados barrios pobres, en donde se hacinaban cientos de personas en condiciones infrahumanas, mientras que las clases acomodadas se beneficiaban de la política colonial que el Imperio llevaba a cabo en sus colonias. London descubrió la extrema pobreza, la proliferación de los sin techo que dormían en los bancos de los parques, la desesperación de los desempleados y de los enfermos sin asistencia que vivían en la más absoluta miseria.
De esa terrible experiencia nació La gente del Abismo, obra en la que el escritor americano describe ese inframundo, que él mismo vivió en carne propia, pues se hizo pasar por un marinero sin trabajo, durmió en los albergues públicos, donde compartió con los más pobres cama y alimentos, o pasó más de una noche al raso y soportó los rigores del clima y las duras condiciones que padecían los pobres.
Un texto lúcido y estremecedor. Una crítica social extraordinaria y una encendida protesta de la miseria que encubría el país más poderoso del mundo.

Jack London (San Francisco, 1876- Glen Ellen, 1916) es un autor del que resulta innecesaria una presentación formal. Autor de algunas de las obras más populares de la literatura universal tanto en diversos géneros como dedicadas a públicos distintos, ha visto ignorada su faceta como pensador e investigador en los últimos años. Gatopardo ediciones recupera una de sus novelas de investigación de mayor calidad, La gente del abismo (The people of the Abyss, 1903) en una edición cuidada, con traducción de Javier Calvo y que incorpora un delicioso prólogo de Ian Sinclair.

 

En cuanto puse el pie en la calle, me impresionó la diferencia de clase social que ahora mi atuendo ponía de manifiesto. Entre la gente corriente con la que entraba en conflicto se había esfumado cualquier gesto servicial hacia mí. Voilà! En un abrir y cerrar de ojos, por así decirlo, me había convertido en uno de ellos. Mi chaqueta rota y desgastada en los codos constituía el emblema y el distintivo de mi clase, que era también la de ellos. Me había vuelto igual que ellos: y si antes había recibido adulación y respeto, ahora me había convertido en su compañero. (pág. 23)

 

En este texto, Jack London relata todas las vivencias de su inmersión en los barrios más pobres de la ciudad. Pese a ser una crónica más periodística, el estilo novelesco está presente y la estructura en capítulos centrados en un núcleo de población o tema específico corroboran ese planteamiento. La narración en primera persona combina la introspección en los pensamientos de Jack como el análisis de los comportamientos de las distintas personas con las que entabla una relación. Se reproducen también diversos diálogos en los que el autor escoge de forma selectiva diversas sentencias para su posterior análisis.

 

-Mire, señor, los de nuestra clase no estamos acostumbrados a vivir hacinados como los demás. Necesitamos más espacio. Los otros, los extranjeros y la gente de clase baja, pueden meter cinco o seis familias en donde nosotros metemos una sola. De esa forma pueden pagar un alquiler mayor por la casa del que nosotros podemos permitirnos. Es una bestialidad, señor, y pensar que hace unos años todo este barrio era tan agradable...

 

La miré. Era una mujer de lo más distinguido de la clase obrera inglesa, con numerosas evidencias de refinamiento, que poco a poco estaba siendo engullida por el repulsivo y podrido lado de la humanidad que los poderes fácticos estaban desplazando desde el centro de Londres hacia el este. Había que levantar bancos, fábricas, hoteles y edificios de oficinas, y los pobres de la ciudad eran gente nómada; de modo que emigraban hacia el este, en oleadas, saturando y degradando barrio tras barrio, empujando a los mejores trabajadores que estaban allí hasta los confines de la ciudad para que hicieran de pioneros o bien hundiéndolos, si no a la primera generación, sí a la segunda o a la tercera. (pág.37)

 

La dureza de la situación en las zonas marginales se corrobora con las propias vivencias del autor que no duda en interferir en diversas situaciones, sintiéndose en todo momento como parte de un colectivo al que él realmente no pertenece. La frialdad de un análisis de rigor periodístico se pierde un poco al dar nombre y apellidos a las personas, que no personajes, que aparecen relatados en la novela. El sentimentalismo y el afecto hacen que la preocupación por esas personas de carne y hueso se manifieste en todo momento y que ello fomente la presencia del entendimiento entre individuos de mundos distintos.

 

Un joven borracho; un despojo humano prematuro, incapacitado físicamente para trabajar de fogonero, acabar en el arroyo o en el asilo para pobres; y el final... lo veía con la misma claridad que yo, pero no le daba ningún miedo. Desde su nacimiento, todas las fuerzas de su entorno se habían esforzado para endurecerlo, y veía aquel futuro desgraciado e inevitable con tanta frialdad y despreocupación que yo no podía dejar de pensar en él. (pág. 45)

 

En resumen, La gente del abismo es una publicación de necesaria lectura. Gatopardo ediciones acierta completamente con la introducción de esta novela en su línea editorial de manifiesta y probada calidad, ofreciendo una novela que sin tener una trama definida, consigue despertar el interés del lector y bajo la batuta de una de las plumas más importantes que ha dado la literatura universal.

 

 

 

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Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir. 

[...]

Alejandra Pizarnik,  A la espera de la oscuridad. (Fragmento)

David González Domínguez

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