Maielis González: "La literatura prácticamente es el centro de mi vida y mi identidad"


Maielis González Fernández (La Habana, 1989) es graduada de Letras y fue profesora de literatura en la Universidad de La Habana entre los años 2012 y 2016. Egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso en 2014, institución que le otorgó la beca para escritores Caballo de Coral. Ganadora del segundo premio en el concurso de cuentos de ciencia ficción Juventud Técnica en 2014 y del Premio Eduardo Kovalivker en 2015. Ha publicado los libros Los días de la histeria (Colección Sur, 2015), Sobre los nerds y otras criaturas mitológicas (Guantanamera, 2016) y Espejuelos para ver por dentro (Cerbero, 2019), además de haber aparecido en revistas y antologías en Cuba (Ariete, 2018), Argentina (Revista Próxima, 2017) y España (Alucinadas II, 2016). Sus artículos y ensayos sobre ciencia ficción y literatura fantástica se han publicado en varias revistas y antologías en Estados Unidos, Suecia, Argentina, España y Cuba. En 2019 tradujo, junto a Arrate Hidalgo, la novela de Nalo Hopkinson, Hija de Legbara, publicada por la editorial Apache.

Texto y fotografía: Cedidos por la autora

-Comenzamos fuerte. ¿Qué significa la literatura para usted? ¿Recuerda en qué momento surgió su amor por la literatura?


Y vaya si comenzamos fuerte… La literatura para mí tiene un carácter dual. Por un lado es la materia con la que trabajo y me gano la vida. Soy graduada de Letras y por años, cuando vivía en Cuba, fui profesora de Literatura en la Universidad de La Habana. Actualmente, desde Madrid, me dedico a la corrección de textos, la traducción, la promoción literaria y la investigación académica. Estas facetas de mi relación con la literatura me provocan, en menor o mayor medida, placer y dolor. Por ejemplo, es una gozada para mí escribir un ensayo, porque casi siempre tengo un control sobre aquello de lo que voy a escribir y lo hago porque me interesa profundamente, pero sufro muchísimo corrigiendo textos, pues es una cuestión más azarosa y no siempre una corrige lo que desearía, sino lo que le toca. Sin embargo, así encaminé mi vida, es a lo que me dedico y en ocasiones, entiendo, hay que apechugar.


La otra dimensión que la literatura tiene en mi vida es la de la creación. No vayas a creer, con esta sufro muchísimo también. Crear una historia, encaminarse hacia el encuentro con tus palabras o tu estilo puede ser tortuoso; pero luego la retribución es tan grande que sientes que valió la pena.

Así que, visto de lejos, la literatura prácticamente es el centro de mi vida y mi identidad. Es aquello con lo que primero me relacionan los que me conocen y a lo que aludo para presentarme como individuo. Y este amor surgió, como de común suele ocurrir con muchas personas ligadas al mundo de las letras, desde bastante temprano. De niña sentí la fascinación por contar historias y fue un acto reflejo derivado de leer. No creo que se pueda escribir sin leer; algo que parecerá una perogrullada, pero te sorprenderías de la cantidad de gente que no lo considera un requisito.


- ¿Qué tiene el relato corto como género que lo hace tan atractivo para usted? ¿Siente que en esas reglas de juego es dónde se encuentra más cómoda?


Primero habría que entender que yo provengo de una tradición literaria en la que el cuento es un género prestigioso y valioso por sí mismo. La literatura latinoamericana, a diferencia de la española que da preponderancia a la novela, posee una nómina de cuentistas increíbles y aunque, claramente, un escritor principiante debería empezar por cosas más cortas ―sobre todo para que pueda terminarlas y luego continuar― no se tiene la creencia, arraigada en otras culturas, de que el cuento es un escaño para llegar a la novela, la verdadera obra a la que prestar atención. Si me pongo a revisar, gran parte de mis autores favoritos (Jorge Luis Borges, Virgilio Piñera, Ítalo Calvino, Horacio Quiroga, Julio Cortázar, Mario Levrero) son cuentistas por excelencia. Y, como se ha dicho tantas veces, el cuento es un género dificílisimo y a mí me llama mucho la atención por su síntesis, por su poder evocativo y su capacidad de permanecer intacto en tu memoria.


La verdad, no creo que me sienta especialmente cómoda escribiendo relatos cortos; escribiendo ficción en general… sufro mucho, ya te he dicho, pero soy medio masoquista. Lo que sucede es que mi tránsito por la creación literaria ha implicado muchas dudas hacia mí misma y en algún momento creí que aquello que escribía no podría interesarle a los lectores por mucho más de ocho páginas, así que me limitaba a escribir relatos cortos ―no microcuentos, para los que soy pésima; es un formato que me encanta leer pero a la hora de su escritura lo siento demasiado ligado a la poesía y a ella tuve la decencia de renunciar a escribirla hacia el final de mi adolescencia―. Por suerte, este complejo se me ha ido pasando y he conseguido, incluso, escribir novelas ―más bien novelas cortas, que es un formato que encuentro especialmente provechoso y que hoy por hoy está viviendo una época de esplendor―. No obstante, estoy segura de que continuaré escribiendo cuentos, como sin duda los continuaré leyendo, y me gustaría llegar a sentir que los míos son, al menos, la mitad de efectivos y perdurables que los de mis autores de culto. Así que me queda muchísimo por delante en ese sentido.


- ¿Cómo surge Espejuelos para ver por dentro (Cerbero, 2019)?


Espejuelos implica un conjunto de primeras veces para mi carrera: era la primera novela corta que escribía, la primera obra de narrativa juvenil y la primera que se publicaba en el circuito de editoriales españolas especializadas en literatura de género ―hasta ese momento había publicado mis libros (Los días de la histeria y Sobre los nerds y otras criaturas mitológicas) en editoriales más bien del mainstream―. La historia de Nano y Zafira nació de un ejercicio escritural con jóvenes amigos escritores en Cuba hará cinco años. Primero fue un cuento, cuyo público meta no creo que fuera uno infantil o juvenil, como resultó ser el de la novela, ya que la historia era bastante más siniestra. Pero se me quedaron estos dos niños en la cabeza y terminé imaginando un mundo para que ellos vivieran y tuvieran sus aventuras: Nolugar. El libro lo escribí en Buenos Aires, donde estuve viviendo unos meses a principios de 2017. Cuando me mudé a España volví sobre el texto, lo revisé, llegué al punto de complacencia suficiente para que me decidiera a buscarle casa. Tuve la buenísima suerte de que Cerbero, una editorial a la que yo admiraba mucho y con la que me moría de ganas de trabajar, abrió una colección de literatura juvenil y mi libro fue aceptado y publicado en la segunda entrega de dicha colección.


Es un libro que me ha dado muchas alegrías y por el que he recibido un gran cariño de parte de sus lectores, adultos y niños. Nano y Zafira tienen, incluso, una canción… hermosísima, compuesta por un trovador cubano, Víctor Cárdenas, que ha resultado ser uno de los regalos más geniales que me han hecho jamás.


- En Sobre los nerds y otras criaturas mitológicas (Guantanamera, 2017) tenemos una Habana que se extraña a sí misma y en Espejuelos para ver por dentro (Cerbero, 2019) tenemos un Nolugar. ¿Cómo definiría el espacio y su función en sus obras literarias?


La ciencia ficción, como literatura especulativa que es, termina siendo siempre metáfora de nuestro presente. Mis metáforas, por supuesto, tienen que ver con los sitios reales e imaginarios que he habitado. Sobre los nerds y otras criaturas mitológicas es un pastiche de muchas Habanas imaginadas desde los prismas de varios subgéneros de la ciencia ficción. Es un libro que en su tono paródico y su ironía pretende ser también un homenaje a toda la literatura de género de la que me he nutrido. La presencia de la Habana allí busca llamar la atención, precisamente, sobre cómo las historias futuristas rara vez las pensamos desde los sitios de la periferia. Pero en sus páginas hay ciberpunkis, hackers, mangakas… nerds, en definitiva, y todos son criaturas cubanas. Nolugar pretende más bien una deslocalización, es todas partes y es ninguna al mismo tiempo.


- Zafiro y Nano son los protagonistas principales de esta historia. Si ellos tuvieran que definirse uno a otro, ¿Cómo crees que lo harían?


Nano diría que Zafira es la niña más cabecidura que ha conocido, pero que también es la razón que tiene para ser un niño responsable y aprender mucho de muchas cosas para poder cuidarla. Zafira le diría que ella no necesita que nadie la cuide y que Nano se pasa de precavido muchas veces; que a ella le gusta decirle «miedoso», pero es en broma, en el fondo sabe que es el niño más valiente que ha conocido. Se quieren mucho los dos.


- Es evidente la crítica que hay en este libro a la parte negativa de las nuevas tecnologías, es decir, a su poder invasivo y envolvente…


Sí. Hay quien ha visto, incluso, algún atisbo de tecnofobia. Mi intención no era para nada crear una historia que demonizara la tecnología o la inmersión total en que viven los seres de Nolugar. Creo que ninguna tecnología es buena o mala, per se, sino que depende del uso que le demos. En el caso de Espejuelos… se abusa de una tecnología; se intenta incluso obligar a la gente a usarla o a dar el «salto evolutivo» que ella puede acarrear. La novela habla del bulliyng, de ser diferente e inadaptado, del mundo en que están creciendo los niños de hoy, que es un mundo muy diferente a ese en que crecimos nosotros y lo será cada día más, por lo que los parámetros en que ellos se comunican y aprenden nos pueden llegar a resultar incomprensibles. El libro es una advertencia, pero también una oda a los tiempos que vienen, que creo ―quiero creer― serán tiempos en que crecerán y vivirán personas más libres.


- En España lamentablemente el mercado literario hispanoamericano aún es un gran desconocido. ¿Qué autores y títulos crees que deberían recuperarse en España? ¿Cuáles consideras especialmente luminosos para los tiempos en los que vivimos?


Ese es un tema sumamente sensible para mí. Prácticamente todo mi carrera, en cuanto al estudio y la difusión de la literatura, se ha centrado en promover la obra de hisponoamericanos y es pavoroso lo poco que se conoce en España de la literatura escrita del otro lado del océano, sobre todo siendo esta tan buena. Tal pareciera que en Latinoamérica se dejó de escribir en la década de los sesenta o setenta y, claro, todo el mundo conoce a Cortázar o García Márquez, pero poco más. Para mí, que consumo muchísima literatura latinoamericana contemporánea, me resulta una odisea conseguir novedades y tengo que estar cazando gente que viaje de un sitio a otro para que me hagan el favor de traerme libros o llevarlos. Como la literatura que más me gusta e interesa es la fantástica y de ciencia ficción dejaré aquí algunos nombres que creo gustarán a los lectores españoles, o no, y que recomiendo echar mano si tienen alguna oportunidad. Además de los ya mencionado por allá arriba, hay que tener ojo avizor con todo lo que escriban: Mariana Enríquez, Laura Ponce, Pola Oloixarac, Flor Canosa, Agustina Bazterrica, Samanta Schweblin, Ramiro Sanchiz, Martín Felipe Castagnet, Luis Carlos Barragán, Hank T. Cohen, Jorge Baradit, Osdany Morales, Abel Fernández-Larrea, Elaine Vilar Madruga, Jorge Enrique Lage, Liliana Colanzi y Mónica Ojeda.


- Para terminar. ¿Tiene algún proyecto literario-artístico o científico-literario en marcha o finalizado del que pueda avanzarnos algo?


Algunos hay, ¡por suerte! A lo largo de este año se publicarán varias cosas en las que he trabajado. Una antología de ciencia ficción hispanoamericana para jóvenes en la que figuro de antóloga y prologuista junto a otra colega española y que saldrá por una prestigiosa editorial colombiana. Un artículo académico sobre ciencia ficción latinoamericana contemporánea en una revista estadounidense. Varios cuentos en antologías en España, Chile, Argentina, Uruguay y Colombia. Y una novela corta ilustrada para adultos en la que voy a trabajar con una excelente artista plástica cubana, que saldrá aquí en España después del verano. Estoy muy entusiasmada con todo y muy agradecida de ver cumplido algún que otro sueño.

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é porque vivo con ela.

Regina Touceda, en deriva 

(Espiral Maior, 2020)  (Fragmento)

David González Domínguez

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