Helena Mariño: "Escribir, creo, es estar presente, atenta.  Escribir, de alguna forma, es también generar presente"

15/05/2020

 

Helena Mariño nació en Madrid. Es licenciada en Derecho y Ciencias Políticas y en Literatura Comparada. Se graduó en el MFA en Spanish Creative Writing por la Universidad de Iowa en 2017. 

Sus poemas han aparecido en The American Journal of Poetry, GFT press, Ají Magazine, The Doctor T. J. Eckleburg Review, Into the Void Magazine, The Platform Review, Barcarola, Visor Literaria y El Coloquio de los Perros, entre otros. Es autora del poemario este frío no es nuestro (Entropía Ediciones, 2019) y ha participado en diversas antologías.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto y fotografías: Cedidos por la autora

- Comencemos con una idea potente. ¿Qué es para ti la poesía?

 

Una forma de dialogar con la otra. Tejer una red. Hacer de la casa de una un puerto. 

 

-¿Cuáles son tus libros de cabecera?

 

“The beauty of the husband”, de Anne Carson; “Aunque cueste la noche”, de Blanca Varela; “La edad de merecer”, de Berta García Faet; “Árbol de Diana”, de Alejandra Pizarnik; y “Citizen”, de Claudia Rankine. 

 

 

-¿Cómo definirías tu proceso creativo?

 

Soy bastante inconstante. Aprender a no agobiarme por eso ha sido un proceso larguísimo. Creo que malentendía la palabra "procrastinar". Durante años sentí que aprovechar el tiempo era producir material, generar algo palpable. Estaba convencida de que el proceso de escritura empezaba y terminaba en el acto mismo de escribir. Ahora pienso que no es verdad: sentarse a juntar una palabra detrás de otra, y a darles sentido, es uno de los últimos pasos en un proceso mucho más largo que comienza, casi siempre, haciendo otras cosas: viendo una película, escuchando música, yendo a bailar, hablando con otras. Escribir, creo, es estar presente, atenta.  Escribir, de alguna forma, es también generar presente. Intento llevar un cuaderno a todas partes y, si no es posible, uso las notas del móvil. Apunto de todo, desde frases que leo hasta cosas que escucho en conversaciones con amigas, en el Metro, en el supermercado, en una canción. Casi siempre alguna de esas notas dispara una idea que acabo transformando en texto.

 

 

 

 

 

 

 

- ¿Cuál es el germen de este frío no es nuestro (Entropía ediciones, 2019)?

 

El libro está muy ligado al espacio físico. Con el paso del tiempo, y después de tres mudanzas grandes en cinco años, me he dado cuenta de que pienso mucho mejor sobre un lugar cuando ya no estoy en él. La inmediatez me permite escribir rápido, pero las ideas permanecen en un estado embrionario. Es en el después cuando les doy forma.

Más de la mitad del libro se divide en dos series: Madrid y Midwest. Escribí todos los poemas que se titulan Madrid cuando me mudé a Iowa y todos los poemas que se titulan Midwest cuando me marché a Houston a estudiar el doctorado. 

Para mí la literatura, como todo en la vida y en cuanto a que está irremediablemente ligada al mundo, es política. Creo que todo el libro trata de explicar la experiencia particular de una situación que afectó a toda mi generación. Me marché porque no encontraba trabajo en mi país de origen. El máster de la Universidad de Iowa me permitía estudiar algo que me apasionaba y tener un trabajo estable de profesora de español durante años.

 

Para mí es importantísimo ser consciente del lugar del que vengo y de mis circunstancias específicas. Intento tener siempre en mente cuál es mi lugar de enunciación, ser cuidadosa, no olvidarme de mi situación de privilegio y buscar las formas relacionarme con ella. Creo que intentaba pensar en los lugares de pertenencia. Por eso el título. Soy pésima para los títulos, el libro tuvo cuatro antes de este. Pero llegó el definitivo, una noche en la que había un tornado en Iowa City y las paredes temblaban y hacía mucho frío. El Midwest son los menos treinta grados en invierno. La primera vez que pensé que tenía que marcharme de mi casa porque estaba en paro y la primera vez que me tocó caminar los quince minutos que separaban la universidad de mi casa bajo una tormenta de hielo, pensé que me moría. Y ahora estoy aquí hablando de un libro que escribí porque pensé que me moría de frío y de morriña y de rabia. Pero no me morí, y eso fue todo.

 

 

Supongo que si tengo que resumir todo esto diría que siempre que me preguntan que por qué escribo contesto que es porque así pienso mejor. Y eso, la verdad, me da un poco de miedo porque es admitir que hay algo dentro de mí sobre lo que no tengo control. Creo que, al final, digo, escribo, para entender, para generar contexto.

 

-Si tuvieses que elegir un poema de este libro para una futura antología poética de tus obras completas. ¿Cuál sería?

 

Probablemente el último del libro, que además fue el último que escribí y que sumé al manuscrito al final, dos minutos antes de enviarlo a la editorial. Sentía que no estaba terminado -de hecho aún siento que no lo está- pero hay algo de resumen de ideas en él, una especie de conclusión a todo lo que estaba pensando en aquel momento. 

 

- ¿Podrías recomendarnos algún título para esta época de inestabilidad que vivimos?

 

Leed a Blanca Varela. Ahora o dentro de treinta años. Si esto es demasiado amplio, "Aunque cueste la noche". Si esto es demasiado amplio, "A media voz". Para mí es el poema total.

 

 

 Blanca Varela leyendo "A media voz" (Fuente: Youtube)

 

 

 

Estos días pienso mucho en un poema de Juan Gelman que se titula "Opinión". Me interesa, de nuevo, la idea de quebrar la separación poema-mundo. La belleza es tierra. El poema que no toca la tierra fracasa. La belleza del poema nace de la suciedad de todos, del contacto con la tierra. En realidad para qué voy a intentar explicarlo si Gelman lo dice mucho mejor que yo:

 

Los poemas escritos en

estado de frialdad tienen

una ventaja: están escritos

en estado de frialdad. El odio

del vecino no entra ahí, ni el vecino

atado a su odio y

se puede alabar las bellezas del paisaje.

Alabar es una palabra rara, lleva

del ala al bar donde

el estaño está mudo.

Los poemas sin sangre

tienen una ventaja:

no tienen sangre, ni

sacudones mortales o inmortales, ni

la imperfección, la suciedad

de todos. Eso cae y nada

perturba a la tierra.

A los poetas que practican esa visión y

sin duda escriben hermosos poemas,

habría que levantarles una estatua

ciega que no se vea.

Es bello su no estar.

Todo está bien afuera

de todo lo que está mal, intocado y

lejos de la escritura, lejos,

en un canto bajito.

 

 

-Para terminar. ¿Tienes algún proyecto literario finalizado o en marcha del que puedas adelantar algo?

 

Sí, estoy trabajando en un manuscrito que, he entendido hace poco, nace justo del último poema de "Este frío no es nuestro". Está pensado como un único poema que habla de un viaje por carretera a través del Midwest estadounidense. Me aburro rápido de mí misma pero soy obsesiva con las ideas, así que cambia totalmente la forma respecto del libro anterior pero mantiene los temas. Pero qué te voy a adelantar, si probablemente cuando se publique sea un libro completamente distinto.

 

 

 

 

 

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Nombrar es reconocer que existe,

gracias y a pesar de mí.

Cuando tras mi frente genero una sílaba, 

defino, 

coloreo y cincelo, 

tal como suena tras el abdomen. 

Junto los labios para tallarlo, llenando la entrada. 

Ahogar su grito, ese dolor tras las costillas.

 

Mencionar es la primera maniobra. 

Para ello, cubriré todas las articulaciones. 

Los otros asentirán abriendo las comisuras. 

Flotará el polvo, semilla hundida. 

Maria González, en El hambre (Maclein y Parker, 2020)  (Fragmento)

David González Domínguez

Contacto : palabradegatsby@gmail.com