Samuel Merino (Pompa&Boato): "Escribo cuando tengo algo que decir; cuando descubro algo de mí"


Pompa&Boato es Samuel Merino (Mos. Pontevedra. 1982) Licenciado en Filosofía por la Universidad de Santiago de Compostela, cuenta en su haber con varios premios de los palitos de los helados y algún que otro rasca y gana de cincuenta céntimos. Se formó, se forma y se formará en Artes Escénicas en la Escuela de Teatro de la Sala Ingrávida (O Porriño), dirigida por los miembros de la Compañía Teatral Xerpo, de la que formó parte entre 2007 y 2011. Ahora compagina su actividad laboral en la hostelería con la poesía. Reside en O Porriño, donde ve pasar la vida y los trenes y donde observa cómo las cosas van adquiriendo la forma que uno desea cuando lleva, por bandera, el amor.






Texto y fotografías: Alex Sobrino/ Pompa&Boato


- Comencemos con una idea potente. ¿Qué significa para usted la poesía?


En alguna outra ocasión respondí a esta misma pregunta diciendo que para mi la Poesía es una herramienta poderosa de la que uno puede valerse para expresar lo inefable. Ahora no lo tengo tan claro.

Quizás esta idea era un tanto romántica o -no sé, tal vez- infantil. Un tópico.

Pienso esto ahora porque, por definición, lo inefable es aquello que non puede ser expresado o dicho mediante la palabra. Entonces, en la medida en que la poesía s palabra, esta no era una idea acertada.

Pero si es cierto que, originariamente, la Poesía es CREACIÓN y esto está en el mismo origen etimológico del término.

Esta reflexión me lleva a pensar, entonces, que la poesía puede expresar lo inefable solo cuando no se vale de la palabra. Cuando hacemos, por ejemplo, poesía con el cuerpo en la danza; cuando un compositor utiliza el lenguaje musical o cuando una directora de escena se vale de los diferentes elementos de significación de los que dispone para poner ven escena una idea, una tesis, cuando está realizando (haciendo real) sobre el escenario lo que hasta ese momento era solo una mera posibilidad.

Cuando sigo mi reflexión por este camino puedo llegar a concluir que cuando hacemos poesía mediante la palabra, cuando escribimos un texto que es poético, lo es porque, al escribir, estamos desvelando algo. Cuando lo sacamos de las sombras para traerlo a la luz. Non se trata de decir algo original porque ya todo está dicho. En ningún poema de ninguna escritora -ya sea clásica o contemporánea - descubro que se diga algo que no se hubiese dicho antes. La poesía está en que lo hace de un modo distinto. Ahí está la creación, en una nueva verdad, otro mundo distinto del que habitamos y distinto, también, de los que antes nos habitaron y desvelaron otras, antes, para nosotras.


- ¿Cómo definiría su proceso creativo?


No sé si en mi caso existe un proceso como tal. En cierto sentido, me gustaría decir que sí sigo un proceso o, al menos, no caer en el tópico de las musas o la inspiración. Pero me temo que algo de esto hay.

Para bien o para mal no soy una persona disciplinada. Escribo cuando tengo algo que decir; cuando descubro algo de mí, de mi relación con los demás, cuando me ronda una preocupación o cuando lo que hay fuera de mí no me basta. En esos casos, busco lo que necesito en las palabras. Me tranquiliza. Las palabras ayudan a poner concreción a aquello que está detrás del velo difuso de los pensamientos y los sentimientos y esto es maravilloso porque de esta manera en la expresión escrita las palabras componen significados siempre distintos para el que escribe. Y no solo para el que escribe sino para quien lee.

Me gusta pensar que la poesía no la “hace” la hace la escritora, sino las lectoras. Del mismo conjunto de palabras, de la misma amalgama de versos con la misma métrica, con o sin rima, sea cual sea el tema que trate la que escribe, surgen poemas distintos cada vez que son leídos.

El poema es ese río del que hablaba Heráclito y que nunca es el mismo cada vez que nos bañamos en él. La poesía también es movimiento continuo. Por eso sigue estando viva la poesía de los clásicos; por eso hoy sigue estando Ricardo III en los escenarios o Medea. No solamente porque existan temas universales y “atemporales” en sus creaciones sino, también, y en todo caso, porque si lo son es porque hoy en día seguimos haciendo que se muevan.



- ¿Cuál es el germen de Enésima patada con amor?


Siempre que hablo de Enésima… digo que no es un “libro que yo haya escrito”.

Enésima es una composición creada a partir de lo que durante años he ido escribiendo en momentos puntuales. En Enésima hay poemas escritos en el año 2012 y poemas escritos semanas antes de la publicación del libro.

Lo que hice fue hacer un recorrido por mis últimos siete años de vida. Fueron unos años cruciales. Una de esas etapas vitales que solo podemos llamar “etapa” porque ya ha pasado (o al menos se está culminando) y haces “balanza”. Enésima describe el proceso vital, como digo en el prólogo, en el que conseguí salir de la oscuridad para llegar a la “luz” o, como poco, a algo así como un despuntar del alba. La oscuridad era (y es) la enfermedad. Una enfermedad que he ido descubriendo y entendiendo como fraguada desde mi infancia y mi adolescencia pero a la que se le puso nombre en el año 2011. Es año, empecé a poner solución a un problema que yo tenía conmigo mismo y que no sabía (y, en cierto modo aún estoy descubriendo cómo hacerlo) cómo gestionar.

Me diagnosticaron Anorexia Nerviosa. Yo acababa de empezar a hacer Interpretación en la ESAD de Galicia en octubre de 2011, y en el segundo cuatrimestre de ese primer curso llegó el primer ingreso hospitalario. Fueron en total siete meses de hospitalización en el 2012, en la Unidad de Desórdenes Alimentarios de Santiago de Compostela, en los que pasé por la planta de medicina interna del Hospital Provincial, por el Hospital de día, por la Unidad de Somática del Psiquiátrico de Conxo y otra vez el Hospital de Día.

Luego vinieron más ingresos: 2013-14; en 2015, en 2016…


En 2017 volví a la ESAD a la especialidad de Dirección y Dramaturgia… Lo dejé porque necesitaba ponerme a trabajar. Quise probarme a mí mismo que podía volver a hacerme cargo de mí mismo, independizarme… A día de hoy acudo a revisiones puntuales de control con la psiquiatra, la psicóloga y el endocrino de la Unidad.

Enésima… fue, entonces, mi manera de hacer un repaso de estos años. Los poemas no llevan un orden cronológico porque no tendría sentido en este proyecto. A día de hoy sigo escribiendo poemas muy oscuros del mismo modo en que hace seis años escribí poemas llenos de optimismo y esperanza. Como lo que yo pretendía era contar ese proceso “Ex umbra in solem” ordené los poemas de forma que lo que estoy lanzando es un mensaje de optimismo recalcitrante.

Quizás en septiembre de este año vuelva a la ESAD. Tal vez debería plantearme si hago las pruebas para entrar en Escenografía. No estaría mal poder decir que no terminé ninguno de mis estudios en la ESAD pero que he superado las pruebas de acceso de todas las especialidades, jajaja.


- Este poemario resulta un ejercicio bastante complejo de introspección. ¿Es sencillo para usted desnudarse de tal forma en un texto?


El proceso de introspección es jodido. Creo que a nadie le resulta agradable nadar en una charca llena de limo y en la que no se llega a ver el fondo porque hay demasiada suciedad. Y miedo.

Contarlo y “desnudarme” espiritualmente no me cuesta nada. Lo hago de forma natural. Hablar de la intimidad de uno (esa intimidad que muchas personas dicen que es nuestro bien más preciado) dicen que es muy generoso por mi parte.

Y no lo es. No es en absoluto generoso que yo comparta mi dolor, mi miedo o mi intimidad. Muy al contrario, es algo totalmente egoísta. Lo hago porque lo necesito. De no haber hablado, de no haber escrito y compartido, de no haber establecido un diálogo sobre mis oscuridades con otras personas, seguiría siendo media persona. Seguiría siendo la persona anulada, miedosa y con una imagen horrible de sí misma que era con quince, dieciocho o veintidós años. Tuve que hablar y escribir para escucharme y leerme. Para que los que me escucharon y me leyeron me diesen otra visón de las cosas.

Fue necesario que en algún momento alguien me dijese “Oye Samuel, que no eres un enfermo por ser marica. Oye Samuel, que ese miedo que sientes es normal. Oye, Samuel, que puedes cambiar lo que no te gusta de ti, pero deberías pensar detenidamente qué es realmente lo que no te gusta de ti y saber si es que no te gusta a ti o no le gusta a los demás”.

Me gusta hablar de la intimidad porque de haber escuchado hace años a alguien que hablase más o menos abiertamente de sus miedos, de las zonas oscuras, de las sombras que llevaba consigo, me hubiese ayudado a no creerme algo horrible.

También es cierto que de haber sido así; de haber encontrado alguien que me dijese “oye tío, que no te pasa nada que no le pase a todo el mundo, que no eres mejor pero tampoco peor que nadie” hubiese sufrido menos, hubiese sido menos egocéntrico y a día de hoy sería menos egoísta. Pero tampoco hubiese escrito nada de lo que forma parte de Enésima. De hecho, es muy probable que no hubiese escrito nada. Quién sabe.

Con todo, es inevitable que me sienta vulnerable y pequeño cuando reparo en que estoy desnudo antes las demás.


- Recientemente ha anunciado que saldrá la tercera edición de este poemario y la última. ¿Esperaba un recibimiento tan positivo por parte del público?


Sí, saldrá una tercera tirada en breve.

Han sido dos ediciones no muy grandes porque he tenido que ser precavido por varios motivos: el esencial es que se trata de un proyecto de autoedición y económicamente es un riesgo (trabajo como camarero a media jornada y cobro una pensión pequeña por mi certificado de discapacidad). Esto me gusta porque uno hace las cosas como más le gusta hacerlas y es muy bonito el proceso de escoger a las personas que quieres que formen parte de tu proyecto si, además, es algo tan personal e íntimo. El “yo me lo guiso” es genial, la verdad, pero cuando hay una apuesta económica es mejor que no se dé el “yo me lo como”. Yo he guisado algo para que se lo coman otros. Quiero que la gente lea lo que escribo porque creo, por lo que dije anteriormente, que es agradable encontrarse reflejado en el arte que uno consume y que le gusta. Pero también porque me he dejado los pocos ahorros que tenía en esto.

Con todo, la mayor satisfacción de este proceso ha sido recibir muchos mensajes de muchas personas que me han contado que se han leído leyéndome y me han dado las gracias.

Me sigue sorprendiendo que las personas vean en mi trabajo algo generoso cuando es algo egoísta. De verdad que lo creo así.

De todos modos, sigo pensando que a mí me hubiese gustado encontrarme con otras egoístas que buscasen en mí unos oídos y una comprensión porque de esa manera hubiese comprobado que no soy peor que nadie (aunque tampoco mejor, por supuesto).



- Si tuviese que elegir un poema de su libro para una futura antología de sus obras completas. ¿Cuál sería?


Enésima está dividido en tres partes:

Una presentación (del pasiaje)

Un nudo (en la garganta)

Y un desenlace (para un comienzo).

La primera parte, esa presentación del paisaje, creo que podría estar incluida en cualquier libro que yo pueda escribir de aquí a que me muera o hasta que deje de escribir. Porque el paisaje que presento es el paisaje interior, eso que soy o, al menos, lo que creo que soy. Pero como también es posible (y probable) que dentro de unos años ya no me vea tan reflejado en eso, el poema podría ser “Lo que tú quieres”. No es -ni mucho menos- el que más me gusta a mí pero sí es uno de los que más gusta a las personas que han leído el libro o lo han escuchado en los recitales y las presentaciones de Enésima



- ¿Podría recomendarnos algún título para esta época de inestabilidad que vivimos?


Recientemente he descubierto a Jean Baptiste del Amo. Un escritor francés muy joven que, para mí, es un mago de las palabras y un contador de historias maravillosas. Acabo de leer, suyo, La sal publicado en Cabaret Voltaire.

Ahora, en cuanto acabe esta “charla” que tenemos, empezaré a leer su anterior novela Una educación libertina.

Leí durante el confinamiento, también, a Agustín Gómez Arcos que es español, pero que ha escrito la mayor parte de su producción literaria en francés: El cordero carnívoro y Ana no me han dejado jodido y contento a partes iguales.


En poesía recomendaría la de Leopoldo María Panero. Me parece un genio y que ya forma parte para siempre de la Historia de la Literatura Española y, además, ha escrito siempre des los márgenes físicos que imponen las paredes de un psiquiátrico y desde los límites con los que la “locura” lo apartaban de la “normalidad”.

Admiro mucho a Ángel González, que habla del amor y de la vida como nadie y siempre a Pedro Salinas, otro poeta del amor.

Los “Hashtags para un esparzo agónico” de Arancha Nogueira son fascinantes.

Y el nuevo libro de Lúa Mosquera “Aunque seas rara y seas pájaro” debería ser un premio, siempre. Porque es un regalo.


En teatro, para leer, siempre Lorca. Me gusta mucho más el Lorca dramaturgo que el Lorca poeta, aunque sean uno y lo mismo.


Parece que me he saltado lo de “para esta época de inestabilidad que vivimos”. Yo recomiendo ahora lo que recomendaría hace 6 meses o dentro de un año. Cualquier época es inestable, solo que esta es común a todo el mundo. Yo creo que el arte nos conecta con nosotras mismas. Y eso es lo que nos salva de la inestabilidad del mundo y del equilibrio precario que vivimos todos personalmente siempre. Aunque a veces tengamos una falsa sensación de estabilidad es una invención (necesaria, pero invención al fin y al cabo) porque somos seres efímeros. En tránsito. La vida es el “chacachá del tren.


- Para terminar. ¿Tiene algún proyecto en marcha o finalizado del que pueda adelantar algo?


Mi cabeza es una olla exprés en la que se cuece un potaje inventado por alguien que no tiene puta idea de cocina. Cuando empiece a escuchar el pitido de la válvula de vapor abriré la tapa y veré si dentro hay algo que se pueda comer alguien. Pero me gustaría mucho sacar un nuevo poemario que hable de lo mismo. A veces me atormenta mucho no tener nada nuevo que contar. Pero entonces caigo en la cuenta de que nunca hay nada NUEVO que contar, sino diferentes formas de contar lo viejo. Creo que se me ocurrirá alguna.

Sería genial escribir poemas llenos de lugares comunes pero que parezcan mundos nuevos. No sé si estoy capacitado para eso. Siempre me quedará el teatro. Para disfrutarlo haciéndolo o asistiendo a lo que hacéis los que sabéis hacerlo. Menos mal.


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Eduardo Estévez, de baleas 

(Caldeirón, 2017)  

David González Domínguez

Contacto : palabradegatsby@gmail.com