Gabriela Guerra Rey: "Bahía de Sal es mi mayor acto de magia. Fue un demonio feliz"

Gabriela Guerra Rey es una escritora cubano mexicana. Nacida en La Habana, Cuba (1981). Reside en México desde 2010. Estudió Economía en la Universidad de La Habana y Periodismo en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Ha recibido diversos premios periodísticos en Cuba y México. Escribe ensayo, narrativa y poesía. Sus cuentos son publicados en revistas de Latinoamérica y aparecen en varias antologías. Es autora de: Monte y ciervo herido (divulgación científica, editorial Gente Nueva, Cuba, 2010) —en coautoría con Félix Guerra—; Nostalgias de La Habana, Memorias de una emigrante (sello Südpol, Argentina, 2017); Bahía de Sal, Premio Juan Rulfo a Primera Novela (Editorial Huso - España y México, 2017-2018); Luz en la piel, cinco voces de mujer (Editorial Huso - España 2018). Es antologadora —junto a Mayda Bustamante— de Los cuentos que Pessoa no escribió, antología que celebra el 130 aniversario de su nacimiento (Editorial Huso – España y Portugal, 2018-2019). Los amores prohibidos de la muerte es su primer libro de cuentos.

Texto: Huso editorial

Fotografía: www.gabrielaguerrarey.com

- Comencemos con una idea potente. ¿Qué significa para usted la literatura?


La literatura es la belleza; la suerte; el mejor de los universos; mi mundo paralelo, que confundo a veces, de donde se me olvida regresar. Somos capaces de vivir las historias de la literatura con la misma intensidad de las reales. Eso equipara las realidades de la literatura y la cotidiana. ¿Qué seres afortunados somos, no?


- ¿Cuáles son sus libros de cabecera?


Uf, yo soy de etapas. Me enamoro de un autor y me vuelvo loca, lo quiero leer todo. He tenido varios de esos enamoramientos. Recién saqué una columna mensual en la revista La Ninfa Eco: “Escritores que conocí”. Fabulo mi relación con esos maestros del arte de narrar o de versas. Pero bueno, un día emigré de mi tierra con solo 25 kilogramos de peso para cargar la vida. Llevaba un libro: Una antología de poesía, ensayos y cuentos de Borges. La llevaré conmigo donde vaya. No podría prescindir de un Borges como no podría prescindir de la poesía en general. No puedo abandonar esta línea sin mencionar a José Martí.


- ¿Cómo definiría su proceso creativo?


En una palabra: “distorsionado”. En otra: “inexplicable”. También he tenido etapas en las que seguía una disciplina férrea; otras, de ser más dúctil conmigo; algunas, de magia absoluta, son las mejores, soy feliz. Pero no depende solo de mí, de mi ánimo o la posición de la luna, depende mucho de la historia. Hay historias que se cuentan con el cuerpo, con las entrañas, y hay otras que brotan como luz sobre las grietas o como actos de hechicería. Soy un poco obsesiva, un poco ajena al mundo real, sociable, pero dedico más tiempo al deporte, la escritura, los amigos y el amor, que a eventos públicos y promociones. Me gustan los espacios íntimos, la gente muy querida. También viajar. Soy una viajera natural, ya ni siquiera necesito desplazarme para hallarme en un bazar marroquí. Pareciera que esto no tiene nada que ver, pero sí, mucho, porque esta es quien soy, y quien eres define también tu proceso creativo.


En esto también soy afortunada, porque las historias me vuelan todo el tiempo sobre la cabeza, muchas, buenas, que no siempre logro realizar. Sin embargo, el surtidor parece inagotable, habrá otras y otras, lo sé. Será el tiempo quien dicte cuáles queden escritas, y si alguna trasciende.



- ¿Cuál es el germen de Bahía de Sal (Huso, España, 2017 / Hiperlibro-Huso, México, 2018 / Qeja ediciones, Argentina, 2019/) ?




Mira, Bahía de Sal es mi mayor acto de magia. Fue un demonio feliz, que me poseyó y me embriagó. Yo viví esos meses en una especie de universo flotante. Me costaba demasiado salir de ahí, pisar la realidad. Me levantaba a cualquier hora a escribir. Era febril. Y ahí está el resultado, dos centenas de páginas que a veces no reconozco. Que leo y no puedo recordar el momento, las condiciones en que lo escribí. Esto me confirma mi percepción de haber estado poseída ese año, 2015. Yo había escrito esa historia en mi cabeza desde toda la vida, Estaba esperando el instante de la magia para volcarse en la pantalla, para erigirse historia, volverse letras, palabras, recuerdos no vividos y vivencias que pasaron a recrearse en el inagotable mundo de la ficción.


- Esta obra recibió el Premio Juan Rulfo 2016, otorgado por el Instituto Nacional de Bellas Artes de México. ¿Cómo recibió la noticia?


Ah bueno, ha sido de los momentos más excitantes. Estaba en casa, sola, era alrededor del mediodía. Sonó el teléfono fijo, ese que ya solo tienes para emergencias, porque hoy todo el mundo llama al celular. Me preguntaron si era la maestra Gabriela Guerra y que me llamaban de La coordinación de Literatura de Bellas Artes. Y claro, enseguida pensé en el Juan Rulfo, pero nadie se cree estas cosas así. Una necesita confirmación. Después me tuve que sentar, me puse nerviosa y me inundó una alegría feroz, que duró un buen tiempo. Fue precioso llamar a mi gente querida y contarles; a mi madre, a mis amigos…





- ¿Cómo surge Luz en la piel. Cinco voces de mujer (Huso, 2018)?



Luz… Aprovechando que hablamos de actos de creación, de procesos, de hechizos y encantamientos, esta fue una novela que se fue gestando a nivel de tripas, y se desarrolló en la piel, en el cuerpo de la adolescente que no era todavía mujer, en las historias tristes de migración mis amigas, de mis mujeres de la vida. Es una novela donde trabajo la ficción al tiempo que recreo con la más cruda verdad los escenarios de nuestro siglo XXI, tan esperado por las protagonistas de esta historia.






- ¿Qué supuso para usted escribir Nostalgias de la Habana (Südpol, 2017)?



Ya que me llevas de recorrido… Nostalgias… fue el primero de mis libros. Había publicado Monte y ciervo herido con mi padre en La Habana, pero en México había comenzado la etapa más literaria. Nostalgias… es mi vómito de emigrante, mi grito transterrado, es un ensayo ficción-testimonial, sobre nuestro tiempo, sobre mi tierra, Cuba, sobre las despedidas familiares, algo que marcó la cultura antillana desde los primeros tiempos de la Revolución. Fue mi túnel para convertirme en esto que soy ahora, una escritora del tránsito, isla vencida, una exiliada de las raíces, también una hambrienta ciudadana del mundo. Te confieso algo, hoy ya no escribiría ese mismo libro, seguro, pero fue la génesis de lo mejor que soy.



- ¿Cuál ha sido su libro más costoso hasta el momento?


Esa es una respuesta difícil, porque Nostalgias de La Habana lo escribí en tres meses, que fueron como tres siglos. Lo sufrí en los tuétanos. Fue violento. Tenía tanto que sacar, tanto que decir… Al mismo tiempo estaba despertando de forma irreversible a la literatura. Pero si lo pienso, todos han tenidos sus peculiaridades.




Los amores prohibidos de la muerte, que es una antología de cuentos, publicado el año pasado por Huso, tardé alrededor de diez años en armarlo. Ahora tengo una dinámica diferente con el relato corto, pero en esa primera década, no era muy prolija. Lograr un buen cuento era un suceso excepcional, no cotidiano. Me llevó un tiempo sentirme cómoda en el género. Ahora compite con la novela en mi corazón. Bueno, no respondí la pregunta… El más reciente a veces también nos parece el más costoso. Llevo años dándole taller mental y ahora creativo a una novela fantástica pero humana, todavía incipiente… presumo que esta puede pasar a encabezar la lista en costos emocionales e intelectuales; en trabajo.





- Si tuviese que elegir un solo cuento de todos los que ha escrito para una antología de sus obras completas. ¿Cuál sería?


“Hay pueblos que saben a desdicha”. Está publicado por Huso, 2019, en Los amores prohibidos de la muerte. También se puede leer en la revista La Mascarada, mexicana, donde tengo un espacio de cuentos hace un par de años, y que fue un motor de mil caballos de fuerza para la construcción de ese libro.


- ¿Podría recomendarnos algún título para esta época de inestabilidad que vivimos?


Es una época muy compleja. Hay quien necesita lecturas relajantes; otros, entretenidas. Yo estoy leyendo El Imperio de Ryszard Kapuściński. Y un ensayo sobre Leonor de Aquitania, la reina medieval que ha inspirado esa novela en la que estoy trabajando. ¿Recomendar algo que ayude a todos? La poesía. Hay que refugiarse ahí y hay que encontrar ahí la filosofía de nuestro tiempo. Eso sería lindo y valioso. La poesía nos sensibiliza, nos humaniza…


- Para terminar. ¿Tiene algún proyecto en marcha o finalizado del que pueda adelantar algo?


Con los proyectos me pasa lo mismo que con las ideas para historias, tengo más de los que puedo manejar. Hace unos días le decía a un amigo, tengo proyectos desde ahora y hasta el día que muera. Ellos me buscan a mí incluso cuando quiero tomar un descanso. Es una fuerza de atracción, una inquietud natural. Pero seguro me preguntas por proyectos específicos: Estoy en una novela —Leonor. Estoy en una antología de poesía hispana a cuatro manos con una amiga poeta, Annia Galano. Estoy en un libro de cuentos con Froilán Escobar; tenemos juntos otro libro de cuentos inédito. Algo que ha ocurrido también como acto extraordinario, transfronterizo, porque él vive en Costa Rica. Y hay otro ensayo-ficción, un después de Nostalgias de La Habana, que estoy por cerrarle el último signo de puntuación. Hay una maestría en Letras para la segunda mitad del año. Y hay proyectos de enseñanza de la escritura, eso me fascina. Y cuando la luz vuelva al mundo, planeo, primero que todo, regresar el cuerpo a la montaña y los pasos al mar.



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(Espiral Maior, 2020)  (Fragmento)

David González Domínguez

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