Reseña: Kōbō Abe, El hombre caja


Título: El hombre caja

Título original: 箱男 (Hako-otoko)

Autor: Kōbō Abe

Traductores: Ryukichi Terao

Editorial: Siruela

Colección: Nuevos Tiempos 237

ISBN: 9788498417173

Nº de Páginas: 157 págs.




Sinopsis:


«Ésta es la crónica de un hombre caja. Acabo de empezar a redactar esta crónica dentro de una caja de cartón que, puesta sobre la cabeza, me cubre medio cuerpo con holgura, justo hasta la cintura. Es decir, el hombre caja, de momento, soy yo; acomodado dentro de la caja, el hombre caja redacta la crónica sobre el hombre caja.» ¿Qué ve el hombre caja mientras deambula por la ciudad con la cabeza y el cuerpo cubiertos de cartón? ¿Qué ha pretendido al despojarse de todas sus pertenencias y señas de identidad? Una tras otra se suceden las imágenes deslumbrantes y las misteriosas escenas y, entre medias, la relación trastornada con el falso hombre caja y la pasión desesperada por la enfermera... El lector de El hombre caja quedará atrapado en un laberinto fantasmagórico, creado por los sucesivos y sugerentes trucos de Kobo Abe, el novelista más experimental de Japón.


Si has entrado a leer esta reseña es posiblemente porque te has sentido tan atraído como yo por el título de esta obra. De hecho, si has leído su sinopsis te ha interesado aún más saber algo sobre él. Me gustaría explicarte, querido lector, de qué va esta novela y cuál es mi impresión sobre la misma. Creo que será más fácil explicártelo desde sus carencias.


En primer lugar, El hombre caja es una novela caótica y que no propone una lectura contemplativa. Esta obra es muy confusa desde el comienzo hasta el final, en la que el autor no da ninguna facilidad de comprensión ni ofrece un narrador concreto. De hecho, el narrador es uno de los grandes culpables de la dificultad de esta obra ya que aparece, desaparece, aporta datos incorrectos, interrumpe su narración para contar los hechos y datos que a él le interesan e, incluso, miente descaradamente sobre algunos hechos y falsea totalmente la narración negando lo anteriormente narrado.


Algo de culpa tenía A, al prestar atención al hombre caja más que a los otros, pero nadie se debe burlar de él. Quienquiera que haya imaginado, o soñado, una ciudad anónima, existente sólo para ciudadanos anónimos- una ciudad con todas las puertas abiertas para todos sin excepción alguna, donde la gente tenga una libertad incondicional para andar indiferente con los desconocidos, caminar boca abajo, dormir en la calle, hablar a otras personas sin ningún permiso, exhibir sus dotes de cantante en cualquier esquina o retirarse cuando le plazca, después de haber realizado actos extravagantes, para mezclarse con la multitud anónima-, está, en teoría, expuesto al peligro de seguir el mismo destino de A.


La verdad es que contado así suena a que esta historia es una especie de rompecabezas. No me gustaría que te quedases con esta lectura tan simple de la obra, eso sería ofender la intención del autor. El hombre caja tiene un tema concreto pese a que su argumento no lo sea. Esta novela nos habla de la superpoblación que experimentó Japón en el último siglo, la dificultad de las relaciones interpersonales, la alienación, la claustrofobia...


- En realidad, sólo despachará unas cuantas pertenencias de lo poco que tiene. En términos rigurosos, lo único indispensable para librarse de la caja es... o sea, lo mínimo necesario... ¿sabes qué es?... los pantalones. Con los pantalones puestos, se puede mezclar con la multitud... Aunque ande descalzo y desnudo de cintura para arriba, todo se arreglará con los pantalones puestos... Al contrario, aunque calce zapatos nuevos y vista un traje de gala, jamás podrá quitarse los pantalones en público sin armar escándalo. El mundo civilizado es el mundo de los pantalones puestos.


De hecho, al leer esta obra me he acordado de algunas de las obras del artista nipón Tetsuya Ichida, ya que representan perfectamente este momento histórico para la sociedad japonesa desde un punto de vista crítico. Si quieres conocer más información sobre este artista, la tienes aquí.


Por supuesto, no todo el mundo tiene conocimiento de la realidad japonesa, por ello pueden pensar que esta novela no puede entenderse sin estos referentes. No es para nada así. El hombre caja también habla de temas como el apetito sexual como necesidad puramente carnal y biológica, las relaciones de poder, el poder invasivo del capitalismo o los traumas derivados del proceso de autodeterminación. Todos ellos desde perspectivas bastante violentas para el lector, pero comprensibles dentro del mundo cruel que el autor quiere pintar.


Esta novela es, sin duda, una obra complejísima, muy exigente y de difícil lectura e interpretación. Hay que agradecer a Siruela la publicación de obras de tal exigencia para el lector, ya que suponen apuestas de difícil mercado pero de indudable valor literario. Espero poder leer pronto otras obras de este autor.




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